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19 marzo 2007

El origen de la luna

Lo primero, lamento haber estado tan apartada del blog últimamente, pero estos últimos días han estado llenos de cambios y vacíos de tiempo, algo que voy a intentar remediar en breve.

El origen de la luna ha sido algo que ha mantenido a los astrónomos en vela durante muchos años, yo diría incluso siglos, desde que Galileo echara un precario vistazo con su telescopio allá por el siglo XVII. La teoría que prevalece hoy en día es quizás la más simple: se considera que la Luna y la Tierra fueron una misma masa que, durante su formación, sufrió un impacto con un objeto de gran tamaño y velocidad que arrastró parte de esta masa del nucleo central, creando a través de miles de años al que hoy es nuestro único satélite natural.

Para que os hagáis una idea, el cuerpo que nos impactó podría tener aproximadamente el tamaño de Marte, es decir, el triple que nuestro planeta. Atrás parecen quedar hipótesis como las que apuntaban a que la Luna se compuso de erupciones expulsadas por titánicos volcanes en el origen de los tiempos o las que consideran a la Luna un astro independiente en cuya trayectoria quedó atrapado por la órbita terrestre.

Más en Astromia, Wikipedia

19 febrero 2007

Asteroide asesino en el 2036

Y es que Deep Impact o Armaggedon tenían en parte (una minúscula y de tamaño microscópico) razón respecto a la posibilidad de que un cometa o asteroide impactara con la Tierra al interponerse en nuestra órbita.

Pues por si acaso, yo voy a intentar posponer todos mis pagos y préstamos al 2037, ya que según ha avisado la NASA, en el 2036 se prevé que Apophis, un asteroide del tamaño aproximado que el que destruyó a los dinosaurios hace millones de años nos caiga encima.

Esta predicción se realizó en el 2004, año en el que las posibilidades de llevarnos el empellón eran de una entre 37. Afortunadamente, el número se ha reducido siendo en la actualidad una probabilidad de uno entre 45.000. Pero si tenemos en cuenta que hay unos 127 objetos de este calibre con posibilidades de impactarnos, el peligro parece más importante que a primera vista.

Por ello, la NASA ha aportado una solución: la creación de un inmenso "imán" gravitacional de masa superior a las 18 toneladas y que se lanzaría al espacio, de manera que pudiera atraer la trayectoria de un cuerpo celeste y divergirla de la original en la que nos impactaría mediante la fuerza de la gravedad que este ingenio generaría por sí mismo. No se trata, en ningún caso, de que lo desvíe hasta el punto de destruir el dispositivo, sino únicamente apartarlo de un futuro poco halagüeño.

En la web de National Geographic también podéis ver una simpática demo de lo que ocurriría.

Desde National Geographic