El origen de la luna
Lo primero, lamento haber estado tan apartada del blog últimamente, pero estos últimos días han estado llenos de cambios y vacíos de tiempo, algo que voy a intentar remediar en breve.
El origen de la luna ha sido algo que ha mantenido a los astrónomos en vela durante muchos años, yo diría incluso siglos, desde que Galileo echara un precario vistazo con su telescopio allá por el siglo XVII. La teoría que prevalece hoy en día es quizás la más simple: se considera que la Luna y la Tierra fueron una misma masa que, durante su formación, sufrió un impacto con un objeto de gran tamaño y velocidad que arrastró parte de esta masa del nucleo central, creando a través de miles de años al que hoy es nuestro único satélite natural.
Para que os hagáis una idea, el cuerpo que nos impactó podría tener aproximadamente el tamaño de Marte, es decir, el triple que nuestro planeta. Atrás parecen quedar hipótesis como las que apuntaban a que la Luna se compuso de erupciones expulsadas por titánicos volcanes en el origen de los tiempos o las que consideran a la Luna un astro independiente en cuya trayectoria quedó atrapado por la órbita terrestre.
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