Un mal día
Hay pocas cosas que generen tanta ansiedad y angustia como mantenerte apartado voluntariamente de la persona que amas.
Y saber que existe la posibilidad de que tengas que hacerlo el resto de los días de tu vida.
Cierren la puerta al salir...
Hay pocas cosas que generen tanta ansiedad y angustia como mantenerte apartado voluntariamente de la persona que amas.
Y saber que existe la posibilidad de que tengas que hacerlo el resto de los días de tu vida.
Paranoia de
Kaoru
a las
1:38 p. m.
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Paranoia de
Kaoru
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8:12 p. m.
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Esperaba que, tarde o temprano, esto sucediera. Porque no terminaba de creerme que una ruptura pudiera resultar tan amistosa, tan llena de cariño por ambas partes, a pesar de que fuera decidida de manera unilateral.
Tenía la sensación de que, algún día, se acabarían las sonrisas, los guiños, los gestos de comprensión y las palabras de consuelo. Y vaya si ha sido así. Y el motivo, o al menos la yesca que ha prendido todo este asunto, ha sido mi post anterior.
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Reconozco que, cuando las cosas se me tuercen, no soy la alegría de la huerta. Pero esta vez quería hacer un esfuerzo por sobrellevarlo bien, por intentar que todo resultara de la manera más suave posible, si es que era posible que fuera suave de alguna manera.
Pero como estoy bien, dentro de lo que cabe, determinada a no quedarme en casa llorándole, a no acosarle a llamada limpia o a mensaje intempestivo, a no suplicar que me permita retirar mis palabras... Parece que el juego cambia. Porque me parece mucha coincidencia perder de repente la esperanza de poder volver a tener algo así sin más, después de leer un post. Simplemente no me cuadra.
¿Y qué pasa cuando intentas aclarar que es mejor que estés bien, porque estar mal no lleva a ninguna parte? ¿Cuando intentas hacer ver que todo lo hablado sigue en pie? ¿Cuando intentas dar una esperanza a la que aferrarse? Que te reprochan que no han pedido nada de ese consuelo y que, resumiendo, puedes irte a cagar.
Quizá hace unos meses sí habría perseguido la conversación, el aclarar las cosas, el intentar dejarlo todo arreglado. A día de hoy, eso ya no es mi responsabilidad como pareja. Me gustaría que lo fuera como amiga, pero no voy a volver a meterme donde no me llaman. Que luego salgo escaldada.
Pero me deja un regusto triste y amargo. La tranquilidad se ha empañado un poco.
Paranoia de
Kaoru
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4:19 p. m.
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Sobre Personal

Últimamente mi vida ha sido un torbellino de sentimientos y sensaciones contradictorias. Pena, alegría, alivio, angustia... Quizá lo único común a todos ellos ha sido la mesura con que los he experimentado. Lejos de mis arranques exacerbados, he de decir que me siento en un equilibrio bastante agradable. Parece que soy capaz, por una vez, de manejar lo que se me pasa por la cabeza en lugar de dejar que mi carácter extremista tome el control.
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No es que no haya hecho un esfuerzo porque esto sea así. Racionalizar todo lo que he hecho estos días atrás me ha ayudado a ver las cosas mucho más claras, eso, y la distancia que puse con la principal fuente del problema. Cuando te vas a otro país, a tantos kilómetros de distancia y vives nuevas experiencias, conoces gente y hablas, café tras café, con alguien que comprende tu punto de vista y que está llena de empatía, te das cuenta de que es hora de que te quites esa manta que hace unos años te habías liado a la cabeza sin pensar demasiado, para ver que lo que estás haciendo no tiene ningún sentido para nadie.
Porque en la balanza de las relaciones, el déficit suele ser peligroso. Y cuando los números rojos aparecen, lo mejor que puedes hacer es cancelar la cuenta o invertir. Yo me apliqué la segunda opción durante mucho tiempo, hasta que me di cuenta de que el descubierto era mayor de lo que creía, y que se se estaba llevando más de lo que me daba. Ahora, con todo a cero - o cerca de estarlo, poco a poco, desde el negativo -, las cosas están mucho más tranquilas. Me siento más libre y relajada de lo que me había sentido en años, sin la presión de una discusión futura o pretérita, sin el miedo a una palabra mal interpretada o a un desprecio hiriente. Lo bueno también se echa de menos, claro está, pero es tal la calma tras haber borrado de un plumazo todo lo malo de mi vida, que no puedo evitar ir a los sitios con una sonrisa, tomarme una cerveza con gente nueva mientras hablamos de las camisetas Merc o de si quiero meterme en un grupo a tocar los teclados.
Poco a poco me voy quitando las telarañas de los usos sociales - reconozco que he sido bastante huraña, pero hace tiempo que eso ya no es así - y lo único que quiero es conocer gente, pasármelo bien, reirme, beber, bailar, cantar, gritar, saltar y aprender a hacer el pino.
Paranoia de
Kaoru
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11:12 a. m.
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Sobre Personal

Tengo muchas dos fobias bastante extrañas e incómodas. Una de ellas es el pánico a que se caigan las cosas al suelo. No puedo soportarlo. Es ver cualquier objeto inanimado en el aire, camino de estrellarse contra las baldosas, y se me para el corazón. Me sudan las manos y se me acelera el pulso como loco. Si tenemos en cuenta que soy genéticamente patosa y que mi torpeza inspirará el género épico del futuro, digamos que esta pequeña alteración es una gran putada. No me río cuando la gente se cae por la calle, para mí es un sinvivir ver a alguien tropezar, y si es alguien que conozco, directamente escupo la aorta por la boca.
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Mi otra fobia es bastante peor, ya que se combina con otro de mis defectos. Tengo pánico crónico a perder cosas. Y soy un despiste andante. Con lo cual, basta sumar dos más dos para darse cuenta de que la mitad del tiempo me la paso pensando en si se me habrá olvidado algo y, por supuesto, acojonada por el hecho de que haya sido así. Esto ha hecho que desarrolle una serie de tics exclusivamente destinados a que no se me olvide nada, como dar una vuelta a la puerta de la calle para recordar, al salir, que tengo que coger las llaves. Espero que no se declare un incendio en mi apartamento, o la próxima vez escribiré con un 80% de quemaduras de tercer grado.
En fin.
Otro día os hablaré de mi extraña relación con los reptiles, más concretamente con los ofidios.
Paranoia de
Kaoru
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4:24 p. m.
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Paranoia de
Kaoru
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10:26 p. m.
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Paranoia de
Kaoru
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11:23 a. m.
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Paranoia de
Kaoru
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8:57 p. m.
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Cuando estás en mitad de la calle, hablando con el amor de tu vida, intentando recomponer los pedazos a los que se ha visto reducida vuestra relación, y en algún lugar de la calle suena esto...
Paranoia de
Kaoru
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10:18 p. m.
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Paranoia de
Kaoru
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7:23 p. m.
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Así estoy, atravesando más curvas que el mapa de isobaras. A ratos tengo la completa certeza de que esta decisión es justo la que necesitaba tomar. La que marcará un antes y un después en nuestra vida, la primera baldosa de un camino que se abre ante nosotros. Difícil, sí; más de lo que hayamos enfrentado antes, quizá.
Pero no puedo decir que lo que hemos pasado hasta ahora haya sido sencillo. Por mucho que crea que estoy preparada para hacer que esto no lo estoy. Realmente me está sobrepasando, y no tengo fuerzas ni ánimo para sacar nada adelante.
Quizá me equivoqué. Quizá ya no hay nada que hacer y yo sólo me estoy agarrando a ilusiones estúpidas.
Paranoia de
Kaoru
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2:46 p. m.
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Sobre Personal

Ser maniática, perfeccionista, autoexigente y programadora no es la mejor combinación posible. Sobre todo cuando estás sola en la oficina porque tus compañeros tenían visitas a clientes y tienes que quedarte atendiendo llamadas y gente variada que decide pasarse por tu oficina cuando no tiene nada mejor que hacer.
Estos días estoy desarrollando una aplicación de gestión integrada y facturación para un cliente bastante importante que tenemos, y me absorbe totalmente la atención. Me pongo los cascos, dejo las llamadas de lado y sólo me distraigo para poner algo en el Twitter.
Pero ayer, mientras estaba sola y dándole a la tecla con esa mirada medio extraviada que pongo cuando me concentro, entró un señor en la oficina. Un señor de esos de traje, que en un primer momento automáticamente piensas que es comercial.
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Le miro y saluda.
- Hola - mira en la oficina -, ¿no están J ni A?
- Pues no...
- Es que venía a dejar un portátil y ellos saben lo que hacer. ¿Te dejo el cargador de batería?
"No, seguro que es mucho más divertido intentar arreglar el ordenador apagado..."
- Sí, claro.
- El caso es que además de X, quería que le mirarais el arranque, porque le metí un Windows Vista y ahora va muy lento.
"Eso te pasa por no tener ni p*** idea..."
- Claro, es que Vista consume bastante más recursos que XP y tarda en arrancar un tiempo considerable, sobre todo en este tipo de ordenadores...
- Ya, pero es que es mucho, mira.
Y sin más, sin darme tiempo a detenerlo, coge y enciende el portátil, como si yo no tuviera absolutamente nada más ni mejor que hacer que mirar arrancar el ordenador.
- Esto es normal...
- Ya, ya, pero mira ahora...
Pasan 30 segundos...
- Es normal.
- Y ahora se queda aquí...
Pasan otros 20 segundos...
- Sigue siendo normal. Vista tarda más en arrancar.
- Bueno...
A las dos horas escasas llama a mi compañero y de la conversación que tienen, deduzco que lo primero que le ha preguntado el fulano ha sido por el arranque del ordenador.
Hay algo peor que ser informático. Ser tía, joven e informática.
Paranoia de
Kaoru
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10:10 a. m.
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Sobre Aventuras programadoras, Personal
Paranoia de
Kaoru
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9:31 a. m.
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Ya estoy cansada de no tener ganas, de que me aplasten las pocas que tengo hasta dejarlas reducidas a cenizas. De que me digan una cosa y hagan otra. De que todo sean pegas. De no ver interés. De tener que estar detrás de todo el mundo para todo.
Por una puta vez en mi vida, me gustaría que alguien me prestara un mínimo de atención, que me cuidara porque yo también lo necesito, y que se diera cuenta de que intentar ser perfecta es agotador. Y que no conseguirlo es humano. Y que puedo decir algo que me molesta sin que se me tire encima. Y que tener esa sensación de desagrado es un puto derecho, y que no estamos aquí para complacer a nadie.
Que me escuchen, por una puta vez. Que ya no puedo gritar más alto.
Siento que me estoy viniendo abajo, y nadie me tiende la mano para no caer. Por una vez, me gustaría ser la deseada, la buscada, la querida, por la que se esfuerzan, por la que luchan, a la que animan, a la que apoyan, a la que escuchan. Ya estoy cansada de estar por todos para todo.
Y que luego, para mí, no haya nadie.
Paranoia de
Kaoru
a las
9:49 p. m.
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Sobre Personal
Estos días han sido difíciles, aunque usar ese adjetivo constituye el eufemismo del año. He decepcionado. Como amiga, como novia, pero sobre todo, me he decepcionado a mí misma como persona. Creía que era alguien diferente, alguien que no juega con los sentimientos propios y ajenos como el que mueve las fichas del parchís y cuenta veintiuno.
Pero ésa soy yo. He hecho trampas, y a pesar del perdón obtenido, todavía me cuesta decidir si me merezco perdonarme a mí misma. Porque me he dejado a una altura a la que nunca había estado antes.
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Creía que había cambiado. Me esforcé por hacerlo, por intentar dejar atrás muchos años de intransigencia, intolerancia, soberbia y sobre todo irresponsabilidad. Quizá no me había dado cuenta de que las tres primeras sólo acarreaban consecuencias para conmigo misma, y por ello me ha sido más fácil lidiar con ellas. Pero la cuarta... la cuarta me está pesando como una losa. Y no sé qué hacer para quitármela de encima.
Lo que pasó ha supuesto un antes y un después en mi vida, en la consideración que tenía de mí misma. Quizá era demasiado alta; quizá no creía que pudiera equivocarme de la manera en que lo hice, y por eso la caída ha sido doblemente dolorosa. Darme cuenta de lo que hacía, a pesar de todo, no le resta importancia. Lo hecho, hecho está, y a veces da igual que des una puñalada o treinta, si el daño ya está hecho.
No sé si me merecía ser perdonada. No sé si el perdón solucionará todo lo que había antes. No sé si, con el perdón, vendrá un replanteamiento de todo lo que nos hacía infelices, y con él, un cambio de vista y una nueva claridad de las cosas. Una claridad que nos permita ver qué queremos y qué haremos por conseguirlo.
Pero perdonarme a mí misma... ah, eso es otro cantar.
Paranoia de
Kaoru
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7:54 p. m.
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Sobre Personal
Porque creo que a veces, tener esperanzas es lo peor que puedes hacer. No soy optimista, nunca lo he sido, a pesar de que tengo una facilidad más que pasmosa para ilusionarme con las cosas. Y muchas veces, las ilusiones conllevan expectativas. Expectativas que, cuando no se cumplen, sólo sirven para que el golpe sea mayor. Así que esta vez me he decidido a no tener ilusiones, esperanzas, expectativas o como quiera que lo llame.
Creo que esta vez he perdido. Pensarlo no lo hará más fácil, pero cuando llegue el momento me mantendré entera. Porque creo que lo que pido es justo, y que ofrezco mucho más de lo que demando. Porque no obligo a nadie a nada, porque aquí todos somos libres de valorar lo que tenemos, lo que recibimos y lo que damos, y ponerlo todo en una balanza que nos ayudará a decidir si el equilibrio es justo o no. Porque todos queremos sentirnos deseados, necesitados y amados, y cuando crees que estás proyectando esa necesidad o ese deseo de otra persona y no llega, quizá no lo estés haciendo tan claramente como tú crees. Cuando se pierden en los días las buenas caras, las buenas intenciones y los buenos deseos y se vuelve al punto de partida, o a unos pocos metros por delante de él, quizá los cambios que nosotros creíamos tan obvios, claros y asentados no lo estén en absoluto. Quizá nos hayamos relajado en el camino y hayamos vuelto a tropezar con la misma piedra.
Pero si, por contra, nada de esto se ve, o no se quiere ver, poco hay que hacer, aparte de pensar que quizá te estés perdiendo una perspectiva que no tienes y que, por ello, no puedes valorar.
Aunque, claro. Si no puedes contemplar otros puntos de vista sin creer que son totalmente erróneos o que no van contigo, entonces difícilmente valorarás a tiempo lo que vas a perder.
Paranoia de
Kaoru
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7:12 p. m.
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Sobre Personal
Y eso es lo que realmente siento. Un cúmulo de sensaciones más o menos agradables, una suma de recuerdos más o menos afortunados que evocan una serie de sentimientos más o menos hermosos.
Me gustaría intercambiar posiciones, poder prestar mis pupilas para que otros vieran como yo veo, ofrecer mi cabeza para pasar un rato en ella y ver mi perspectiva de las cosas. Sé que a veces peco de ingenua, o de exigente, o de ambas cosas a la vez. Sé que cambiar no es fácil, al contrario; sé que darse cuenta de que hay planteamientos erróneos o, mejor dicho, perspectivas viciadas o irreales en tu vida y que afectan a otras personas es muy complicado. Pero la esperanza es a lo que me aferro. Me aferro a que un día se caigan los velos de los ojos y pueda más el deseo que la pereza o la desidia.
Aunque, tal y como están las cosas, tengo la impresión de que pido demasiado.
Paranoia de
Kaoru
a las
10:21 p. m.
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Sobre Personal
Creo que en la vida hay pasos más importantes que otros, pasos que marcan un antes y un después. Ciencias o letras, trabajar o estudiar, qué estudiar y dónde... Todas esas decisiones ya las tomé en su día, y fueron más o menos acertadas, aunque eso es otra cuestión. Lo cierto es que, me guste o no, han sido esas decisiones las que me han llevado a poder plantearme la emancipación.
No puedo decir que me haya costado decidirme. Pedí las ayudas para el alquiler joven mientras veía atónita cómo los precios subían en la misma proporción que el dinero que nos ofrecían. De manera que, al final, la pasta se la llevan los mismos de siempre, que suelen ser a los que menos falta les hace.
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Pero dejando esas cuestiones de lado, hace algo menos de un mes me notificaron que me concedían los tres meses de margen para presentar el contrato de alquiler, y hace un par de días me decidí a empezar a buscar.
Ayer empecé a ver pisos, y la verdad que la experiencia no fue demasiado gratificante. Pero hoy, sin pensar demasiado, he encontrado lo que quería. Es un piso pequeño, de 54 metros cuadrados, una habitación y un salón. Tiene la cocina amueblada y el baño equipado, y no quería más. Quería poder ir poniendo poco a poco mis muebles, las cosas que me gustaran, ir dando al lugar donde voy a vivir el toque que a mí me apeteciera. Poder crear un hogar, en definitiva.
En cuanto entré, me enamoré. Es luminoso, está a 10 minutos de mi trabajo y de la casa donde vivo ahora con mi abuela, a algo más de 10 minutos también del centro, todas estas medidas andando. Van a pintar la casa antes de que entre a vivir, y el 1 de junio será toda mía. Con la ayuda, se me queda el alquiler y la comunidad en 200 euros, todo un lujo para la zona que es y la casa, que no tiene más de 3 años. Está nueva, tiene los suelos de parquet oscuro y la luz entra a raudales. Una preciosidad.
Lo cierto es que éste es un paso importante. Quizá el más importante que haya dado en mi vida hasta ahora. Convertirme, o estar más cerca al menos, en una adulta autosuficiente. Sí, seguiré comiendo en casa y llevándome los tupper de comida de mi madre, pero así empezamos todos, ¿no?
Estoy muy contenta y tengo ganas de comenzar lo que parece una nueva etapa de mi vida. Ojalá salga bien.
Paranoia de
Kaoru
a las
9:32 p. m.
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